Tuesday, January 31, 2006

Natiuska - Dama de lo Gótico

El reino de Natiuska es una noche oscura. La noche se extiende de su alma como un sueño, y ocupa siempre su mente y su corazón. Pasa sus días y sus siglos en pulirlo, en intensificar el carmesí de la sangre, haciendo más tétrica la luz de la luna, profundizando el abismo entre las estrellas.

Tiene su morada en un gran peñasco que avanza sobre el mar como la proa de un navío. Sobre la roca fría se alza su gótico palacio, gran parte de él en ruinas, con torres afiladas y naves amplísimas. Mora y tiene su trono en la torre más alta, blanco de los violentos rayos y las frecuentes tempestades.

A la derecha de la roca, mirando hacia el mar, un río de sangre tiene su desembocadura. Las olas de hielo del océano polar batallan eternamente con el calor que conserva la sangre derramada en las montañas.

A lo largo de la ribera de ese horroroso río se extiende, desde el palacio hasta el cercano páramo, un cementerio antiquísimo. El cementerio está rodeado de una pirca relativamente nueva, aunque ruinosa, y llena de malezas; pero por adentro fue dividido muchas veces conforme le agregaban partes porque no había más espacio dentro de la muralla anterior.

La más externa, que es la más nueva, tiene muchas cruces y lápidas, ángeles llorando y algún que otro fantasma escurridizo. En la segunda las cruces carcomidas se mezclan con runas y signos paganos, y los fantasmas son más densos y malignos. Pero la tercera, la más breve e interna, es completamente pagana, y los horrores viven allí en formas espantosas, espectros aullantes y siniestros, y estatuas de seres imposibles, deformes y alarmantes. Allí los sepulcros estan a flor de tierra, muchas lápidas quebradas, y esqueletos de cuencas vacías fuera de las fosas, blancos como recién encalados. Hay varias glorietas góticas, dominadas por una especialmente alta y pálida. La maleza de allí está retorcida, negra, podrida, mezclada con huesos y, algunas veces, brilla con la forforescencia infame de la podredumbre.

Por el lado del mar, un bosque llega hasta el castillo casi desde la orilla, y se extiende hasta las montañas. Toda clase de paisajes sombríos pueden encontrarse en el bosque aquel, desde extáticos pinares nevados que parecen tallados en porcelana para una broma cruel; o valles de árboles en invierno perpetuo, muertos hasta la médula o vivos hasta atacar a los que pasan cerca de sus ramas; o regiones donde es tan densa la vegetación que jamás rayo de luz toca el suelo y las alimañas devoran hasta los gritos de sus víctimas.

Por el lado del río, más allá del cementerio, e interrumpido cada tanto por pequeños bosques de malezas, hay un páramo desolado. Está cubierto en zonas por arena, en otras por pequeñas plantas espinosas o tierra reseca. Se curva en dunas y colinas, y algunos cañones poco profundos.

Más allá del páramo y del bosque está la cordillera de hierro, alta, afilada y nevada. Un gran valle de nieve casta como una doncella de luz se extiende entre las montañas y el bosque, y allí viven, flotando levemente sobre el suelo, los corazones sangrantes de las tierras de la Dama. Hay lobos en los primeros árboles, pues viven de la sangre derramada que las ráfagas de viento extravían en el bosque. Esas mismas ráfagas traen copos y restituyen la virgindad de la planicie alba.

Natiuska pasea silenciosamente por el páramo y el bosque, y en ocasiones, sobre el mar helado. Durante los huracanes se para en un peñasco de la costa y envuelta en su manto da cara a la tempestad. Su pelo vuela entonces como un remolino negro, y su voz canta armonías lánguidas que se descanecen en el aire.

En las noches calmas de luna, pasea por la orilla que, llena de accidentes, es a veces playa de arena blanca y a veces acantilado. Las olas rompen con su ruido invariable suavemente en la arena y en las rocas, prematuramente detenidas, con fuertes estallidos. Mezcla entonces su voz con la del mar, llamando a las sirenas que no aparecerán, rogando por sus soleados cantos desde el fondo del mar.

En el cielo negro las estrellas giran lento como en todas las noches de la tierra, alrededor de una estrella qu las domina desde el cenit, recordando que los sueños de Natiuska son sueños del polo. La luna recorre ese cielo caprichosamente, como en todos lados hace. Las nubes de tormenta lo visitan a menudo, invocadas por los cantos de la dama...

Si me preguntáis... sí, la he visto vagar brillando a la luz de las estrellas, he llorado ante la tristeza de su mirada, he intentado acariciar sus cabellos y besar la punta de su manto. Me he enamorado de ella, y vuelto a esas tierras tantas veces como me fue posible.

¿Otro mortal desea visitarlas?

Tuesday, January 10, 2006

Niégal - II - En el palacio del gobernador

Fue a la casa del gobernador. La casa más importante de la ciudad, aquella que no había visitado muchas veces (a diferencia de su hermano). Los guardias lo detuvieron y, sinceramente, no supo que decir. Es lo molesto de emprender una empresa en le que no se cree.
- ¿A dónde crees que vas?
- …
Niégal extendió el pergamino, y balbució (su forma habitual de hablar con extraños):
- Vengo a traerle esto al gobernador.
El guardia era relativamente amable, y se tomó el trabajo de mirar el rollo. En realidad sabía (cosa que Niégal no) que no tenía permitido hacer ningún daño al chico ni mucho menos a la correspondencia, pero ante la evidente ignorancia del ser pequeño y balbuciente se comportaba más a sus anchas.
Lo impresionó el sello: eso lo supo hasta Niégal.
- ¡Pasá! – le dijo, abriendo camino.
Niégal no sabía a donde ir, pero traspuso las rejas y fue hacia adentro. Había un salón y un mayordomo.
- Debo entregarle esto en mano al gobernador.
El hombre odiaba ser pasado por alto, como todos los burócratas de su clase.
- Vé a las habitaciones, te atenderá más tarde.
- …
Caminó un rato por el palacio, por los jardines, leyó un poco en la biblioteca, aunque todo el tiempo sintiéndose inútil, incómodo e incluso inseguro. Entró y durmió un rato en la habitación lujosa que inexplicablemente le habían ofrecido. Se preguntó que Dios extraño era responsable de aventuras tan inexplicables, pero no por mucho tiempo, y se durmió, y se despertó, y fue llamado de vuelta al salón, esta vez, frente al gobernador.

Salón de recepción del gobernador. Treinta metros de largo, siete de ancho, columnas, patio y vitrales detrás de su sillón, de manera tal que el escritorio parece un altar y el ventanal el ábside.

El mayordomo tomó el rollo de las manos de Niégal y se lo llevó al gobernador. Niégal no hizo demasiado porque estaba persuadido de que el pergamino sería efectivamente entregado a su destinatario.
Había en el salón varias personas más, todas desconocidas. Parecían sencillamente forasteros: un hombre alto y fuerte vestido con ropas limpias y nuevas, un viajero de cabellos largos y negros (vestido con ropas de viaje) y un enano con cota de malla. El hombre fuerte parecía muy satisfecho y tenía un aire de recién sacado de la cama, mientras que los otros dos estaban más alerta.
- Los he convocado aquí porque necesito sus servicios. – empezó el gobernador, que acababa de cerrar el rollo de Niégal. – Hay una tarea que debe ser hecha, y no debería quedar asociada a la gobernación; por eso los contrataremos a ustedes. La paga será jugosa, desde luego, precisamente por los riesgos, ya que obrarán por su cuenta, sin apoyo oficial.
“Tengo entendido que todos ustedes tienen poderes especiales que les serán de utilidad – en ese punto miró a Niégal, que estaba parado algo separado de los demás, con expresión violenta. – La tarea es rescatar un objeto que se halla en los tesoros de unos traficantes.
- ¿Qué clase de objeto? – interrumpió el viajero de cabellos largos. - ¿Qué tiene de especial para que se nos solicite?
- Este objeto es… una espada. Pero es una espada especial: se van a dar cuenta cuando la vean.
- ¿Qué tiene de especial? ¿Cómo nos daremos cuenta?
- ¿Brilla? – lanzó el alto.
El gobernador miró algo exasperado.
- Tenemos que recurrir a ustedes porque nadie debe saberlo… - ¿está arrepentido de contratarnos a nosotros? - Este objeto, esta espada, está oculta en lo profundo de los sótanos de los enanos traficantes, que por algún extraño sistema envían objetos a grandes distancias. Esos sótanos, como las cámaras de seguridad del banco, son secretos y están muy bien guardados. Eso quiere decir: no les permitirán entrar sin violencia.
“Esta espada tiene... unas almas atrapadas en su interior. Es un objeto importante, que debemos cuidar que no caiga en manos de quien la pidió. Simplemente digamos que si cae en sus manos puede ser desastroso.
- ¿Pero si es realmente tan importante, como es que no justifica intervención oficial, por qué nosotros, sin ayuda de vuestros guardias o...?
- Ya he dicho que no debe trascender... no debe quedar ligado al gobierno. Sin embargo es muy importante que sea hecho. La paga será... abundante.
- ¿Cuánto? – dijo el hombre alto.
- Y, serán... 10.000 piezas de oro.
- ¿Nada más? ¿Sin apoyo oficial? – el hombre parecía indignado.
- ¿Tan solo 10.000 mi señor? – dijo el viajero de cabellos largos. - ¿No es demasiado riesgo, sin apoyo, por 10.000?
- Bueno... 20.000. No más. Pero debe ser hecho pronto, y bien hecho. No sabemos en qué momento puede suceder que la envíen. Ahora vayan, quiero que me traigan la espada, pronto. Vean como se las arreglan. El premio es jugoso, deben confesarlo. Tendrán armas en la armería, si desean. Ahora, adios.
- ¿Eso es todo mi señor, entonces? – preguntó el viajero.
- Así es. Nos veremos entonces. Adios.
Salieron, se despidieron brevemente (olvidando acordar donde encontrarse luego) y se separaron.